Iglesia y el reino del viento


La Cuesta del Viento es el largo camino que rodea casi todo el dique del mismo nombre. La forma ideal de explorarla es con un auto propio, para ir parando en los lugares más atractivos, saltar la valla junto a la ruta y lanzarse a explorar los recovecos sedimentarios que va tallando el viento. De esa forma se descubren recodos del lago que forman pequeñas bahías cristalinas donde retozan centenares de patos negros, que huyen despavoridos volando a ras del agua ante nuestra presencia.

El borde del lago es un lugar para explorar a pie subiendo a los pequeños cerros sedimentarios de color rosado que proliferan por doquier. Del otro lado de estos cerros se puede descubrir una pequeña península que se extiende como un pequeño brazo pedregoso que quizás mañana ya no exista más.

Rio Jachal

Cuando la carretera que bordea el dique traspasa la zona de las compuertas, el camino se convierte en ripio en buen estado, con numerosas subidas y bajadas bastante empinadas que atraviesan un paisaje similar al Valle de la Luna, pero con montañas mucho más altas. Si nuestro vehículo es una camioneta, podremos salirnos del camino y avanzar por el arenoso lecho seco de un arroyo y llegar hasta la costa (también se puede llegar caminando). Allí descubrimos playitas solitarias que en lugar de arena tienen millares de fragmentos de piedritas de colores lisas similares a la cerámica.

Durante el paseo a pie –y al azar– nos topamos con acantilados que parecen haberse derrumbado la noche anterior, arbustos resecos en medio de la aridez que están doblados y endurecidos hacia donde sopla el viento, y suelos resquebrajados con un motivo de telarañas entrelazado que se repite hasta el infinito.

Playas de Cuesta del Viento 

Cerca de un cartel a la vera de la ruta que dice Templos del Viento, nace una quebrada agreste que lleva a unas cuevas naturales de dos kilómetros de profundidad. No es recomendable meterse en La Cueva del Indio sin un guía conocedor de la zona, porque rápidamente las paredes se angostan y se achican al punto de que hay que atravesar algunos sectores tirados cuerpo a tierra en el barro, para salir otra vez a galerías que se ensanchan y más tarde se vuelven a cerrar.



 Fuente: Welcome Argentina