El relojero que nos salvó de los olores hediondos

El acceso a facilidades sanitarias continúa siendo una aspiración para más de un cuarto de la población mundial. "Ya no podemos seguir usando palabras elegantes", sentenciaba un editorial en el periódico londinense City Pres: "¡Aquí apesta!"

La pestilencia a la que se referían era en parte metafórica: los políticos no habían resuelto un problema obvio. Con el crecimiento de la población de Londres, los sistemas para deshacerse de los desechos humanos pasaron a ser completamente inadecuados.

Para reducir la presión sobre los pozos sépticos, que tendían a desbordarse y a provocar erupciones de metano, las autoridades comenzaron a canalizar estos desechos por los sumideros. Sin embargo, esto creo un problema diferente. Los sumideros habían sido concebidos para canalizar el agua de la lluvia y terminaban directamente en el Rio Támesis.

El olor era "muy fuerte... tanto como el que ahora sale de los sumideros en las calles", señaló. La incidencia de cólera era muy alta. Un brote mató unas 14.000 personas, casi una en cien personas.

El ingeniero civil Joseph Bazalguette elaboró un plan para construir un sistema de alcantarillado que llevara las aguas negras bien lejos de la ciudad. Los políticos estaban bajo intensa presión para aprobar este proyecto.

Faraday terminó su carta rogándole a "quienes ejercen el poder, a ser responsables" y a "dejar la negligencia" con la que estaban tratando el problema. Y advirtió que "una ola de calor puede darnos una prueba real de la estupidez que representa nuestro total descuido".

Para quien vive en una ciudad con sistemas de sanidad modernos, es difícil imaginar vivir con la sofocante hediondez de los excrementos humanos. Y hay varias personas a las que agradecemos los logros en ese sentido, pero ningún otro merece más ese mérito que Alexander Cumming.

Cumming era un relojero de Londres que vivió un siglo antes de "La Gran Pestilencia", y que alcanzó reconocimiento por su destreza mecánica. El rey George III le encargó la construcción de un complicado instrumento para registrar la presión atmosférica y creó también el micrótomo, un dispositivo para cortar rodajas súper finas de madera para el análisis microscópico.

Pero el revolucionario invento de Cumming no tenía que ver nada con precisión de ingeniería. Era apenas una tubería curvada.

En 1775, Cumming patentó el S-bend -llamado así por su forma de S- o sifón. Este constituyó la pieza clave para crear el inodoro y con ello surgió la sanidad pública tal y como hoy la conocemos.

Los inodoros habían fracasado hasta entonces por el problema del olor: la tubería que los conectaba a la alcantarilla, y que permitía que la orina y las heces fecales se descargaran, también servía de conducto para que el mal olor fluyera en la otra dirección a menos que hubiera algún tipo de barrera hermética.

La solución de Cumming era simple: doblar la tubería. El agua reposa en la parte honda impidiendo que el mal olor suba. Descargar el inodoro recicla el agua. Mientras que hoy hemos pasado del S-bend al U-bend, los inodoros todavía siguen la misma lógica.

La proliferación de esto vino muy lentamente. En 1851, los inodoros de descarga eran todavía una novedad, tanto que generaron un interés masivo en la Gran Exhibición de Londres donde por primera vez se expusieron productos manufacturados de todo el mundo.

El uso de esos inodoros costaba un penique, y de ahí surgió una de los eufemismos que más han persistido en la lengua inglesa para referirse al acto de vaciar la vejiga humana: hasta hoy, si vas a "spend a penny", literalmente gastar un penique, significa que vas a orinar.

Cientos de miles de personas hicieron fila para tener la oportunidad de vaciar sus vejigas, mientras se maravillaban con los milagros de la plomería moderna.

La Gran Exhibición no sólo le dio a los londinenses una visión de cómo debía ser la sanidad pública -limpia y libre de malos olores- sino que también contribuyó a crear una ola de descontento popularpues los políticos británicos le seguían dando largas al proyecto para construir el plan de alcantarillado que proponía Joseph Bazalguette.

Con información de la BBC