La desaparición del fotógrafo Alberto Quiroga (34) suma nuevas y estremecedoras declaraciones. Su pareja, Cecilia Olivera, rompió el silencio en medio de la angustia y aseguró que teme lo peor.
“Es como si se lo hubiese tragado la tierra”, expresó con dolor a DIARIO DE CUYO, al tiempo que pidió ayuda desesperadamente para encontrarlo.
La situación es aún más delicada porque la pareja tiene un hijo de apenas un año y Cecilia además está embarazada.
“Estoy desesperada, no tenemos noticias, nadie dice nada”, afirmó, reflejando el drama que atraviesa la familia desde el último sábado.
Uno de los puntos más inquietantes de sus declaraciones es la sospecha sobre ciertas personas vinculadas al fotógrafo.
“Hay amistades que recién me estoy enterando, no sabía que las tenía”, señaló, y agregó que podrían estar relacionadas con el entorno del evento donde trabajó esa noche.
Incluso, deslizó la posibilidad de vínculos con personas relacionadas al consumo o tráfico de drogas, una línea que también es analizada por los investigadores. Según relató su pareja, el sábado fue una jornada intensa de trabajo para el fotógrafo.
Primero participó de una actividad municipal, luego cubrió un evento en Caucete y finalmente asistió a un cumpleaños en La Chimbera, donde fue visto por última vez.
El último contacto personal fue en su casa, donde estuvo un breve tiempo antes de salir nuevamente a trabajar.
Desde entonces, no volvió a su hogar y su teléfono permanece apagado desde el domingo, lo que encendió todas las alarmas.
“No creo que se haya ido solo, estaba todo bien con nosotros”, afirmó Cecilia, descartando una desaparición voluntaria.
Mientras tanto, la Policía realizó allanamientos en distintas zonas como La Chimbera y Casuarinas, pero la familia asegura que no recibe información concreta.
Los investigadores mantienen una línea de investigación bajo estricta reserva, mientras continúan los rastrillajes.
Entre lágrimas, Cecilia lanzó un mensaje que conmueve: “Si alguien lo tiene, por favor que lo larguen. El que sepa algo que hable, que no tenga miedo”. A pesar del miedo, se aferra a la esperanza: “No pierdo la fe de que esté con vida”.
