Observar cómo se desmantelaba su precaria vivienda de poco, es uno de los máximos traumas que vivió en su vida Daniela Santallana. Ese derrumbe no fue solo en lo material ya que su vida se transformó y tuvo que irse a vivir con sus hijos de 2 a 5 a una carpa. Y ese lugar se convirtió en su nuevo hogar en el que debió afrontar las lluvias y los primeros fríos. Pero la solución ya golpeó su puerta.


“Fue desesperante todo desde el día del terremoto hasta hoy, pero por suerte ya me prometieron una casa desde el Municipio y me volvió la felicidad ya que voy a poder vivir en un techo seguro y abrigado con mis hijos”, contó Daniela Santallana.
Tras el terremoto de enero pasado, la casa de adobe donde vivía Daniela, su pareja, sus hijos de 2 y 5 años se derrumbó. De manera improvisada, armaron un techo con carpas, nylon y palos.


“A los tres días del terremoto inicié los trámites para recibir ayuda. Me trajeron palos y cemento, pero no podía hacer nada con eso”, manifestó Daniela. Una cooperativa del lugar y sus padres fueron las personas que más ayudaron a esta familia. “Yo no tengo ingresos, soy ama de casa. Mi marido trabaja en las chacras, pero no podemos hacer mucho”, aclaró la damnificada.