Los scones son una de esas recetas dulces que nunca fallan cuando se busca algo fácil y rápido para la merienda. Con pocos ingredientes y en apenas 15 minutos, se pueden lograr unos bocados esponjosos y con un aroma irresistible a limón que combinan perfectamente con un café, un mate o un té.
Lo mejor de esta receta es que no necesita manteca, ya que se reemplaza con aceite, lo que la convierte en una opción más liviana y económica. Además, permite variar el endulzante: se puede usar azúcar tradicional o edulcorante, dependiendo de las preferencias de cada uno.
Receta de scones de limón paso a paso
Ingredientes:
- 1 y ½ tazas de harina común
- 1 huevo
- 3 cucharadas de aceite de girasol
- 1/2 taza de azúcar (o edulcorante)
- 1/2 taza de leche
- Jugo y ralladura de 1 limón
- 1 cucharadita de polvo de hornear
- Una pizca de sal

Preparación:
- En un bowl, batí el huevo con el azúcar hasta que se integre bien y quede una mezcla espumosa.
- Sumá el aceite, el jugo y la ralladura de limón, y mezclá hasta obtener una preparación homogénea.
- Agregá la leche, la harina tamizada, la pizca de sal y el polvo de hornear. Uní todo hasta formar una masa suave, sin trabajarla de más.
- Estirá la masa sobre una superficie enharinada, dejándola de un grosor de 1,5 cm aproximadamente.
- Cortá círculos con un cortante o un vaso, y colocá los discos en una placa enmantecada o con papel manteca.
- Llevá a horno medio (180°) durante 12 a 15 minutos, hasta que estén dorados por fuera y tiernos por dentro.
- En pocos minutos vas a tener listos unos scones caseros que podés servir tibios, espolvoreados con azúcar impalpable o acompañados con mermelada.
Tips e ideas para mejorar la receta de los scones de limón
- Si preferís un sabor más intenso, agregá un poco más de ralladura de limón o combiná con esencia de vainilla.
- Para una versión más húmeda, podés reemplazar parte de la leche por yogur natural.
- Si querés un toque crocante, espolvoreá azúcar por encima antes de llevar al horno.
- Se conservan bien en frascos herméticos o envueltos en film, aunque lo ideal es comerlos recién hechos.
- También podés congelarlos y calentarlos unos minutos en horno o tostadora para que recuperen su textura.