Este lunes 20 de julio se celebra en gran parte de Latinoamérica el Día del Amigo, una fecha que va mucho más allá de mensajes, juntadas y regalos. Desde la psicología, esta jornada invita a reflexionar sobre uno de los factores protectores más importantes para la salud mental: la calidad de nuestras relaciones de amistad.
Según diversos estudios en psicología social y neurociencia afectiva, los seres humanos estamos “cableados” para conectar. La amistad no es un lujo, es una necesidad evolutiva. Cuando mantenemos vínculos significativos, nuestro cerebro libera oxitocina (la hormona de la confianza) y dopamina, sustancias que reducen los niveles de cortisol (la hormona del estrés).
“Estas fechas funcionan como recordatorios para expresar afecto, brindar reconocimiento, agradecer la presencia de personas importantes y fortalecer el sentido de pertenencia. Estos gestos contribuyen al bienestar emocional porque favorecen la conexión con otros” afirmó Micaela Olivera, Lic. en Psicología, a El Sol de San Juan.
Sin embargo, aclaró “el valor de una amistad se construye en el día a día y no depende de una fecha en particular. La calidad de los vínculos se sostiene a través del tiempo, con presencia, escucha y reciprocidad”.
En este marco detalló “las amistades cumplen un papel fundamental en la salud mental porque son una de las principales fuentes de apoyo emocional, pertenencia y contención. Contar con personas con quienes podemos ser nosotros mismos, expresar lo que sentimos y sentirnos validados reduce la sensación de soledad y favorece el bienestar psicológico”
También destacó “en la adolescencia, particularmente, los vínculos con pares adquieren un lugar central porque acompañan la construcción de la identidad, la autoestima y el sentido de pertenencia. No se trata solo de tener compañía, sino de sentir que hay alguien disponible cuando lo necesitamos“.
¿Cantidad o calidad de amigos?
¿Es mejor tener muchos amigos o pocos, pero verdaderos? La pregunta vuelve a surgir cada Día del Amigo y genera un debate que atraviesa generaciones. Mientras algunas personas valoran una amplia red de contactos y relaciones sociales, otras prefieren construir vínculos más profundos y duraderos con un círculo reducido de amistades.
“No existe una cantidad ‘correcta’ de amigos. Cada persona tiene una forma distinta de vincularse, influida por sus características de personalidad, sus experiencias, su historia y sus necesidades emocionales, entre otros posibles factores. Lo importante no es el número, sino que esos vínculos resulten significativos, respetuosos y generen bienestar”, argumentó Micaela.
A su vez, la psicóloga aclaró “la calidad de las relaciones tiene un impacto mucho mayor que la cantidad. Un vínculo basado en la confianza, el respeto, la reciprocidad y el apoyo mutuo protege la salud mental más que tener muchos contactos superficiales. Vivimos en una época donde parecer muy sociable puede verse como un éxito, pero el bienestar suele construirse a partir de relaciones auténticas, donde podamos sentirnos aceptados”.
¿Amigo, conocido o “amistad de conveniencia”?
En un mundo cada vez más conectado, diferenciar entre un amigo, un conocido y una amistad de conveniencia puede resultar más complejo de lo que parece.
En este marco la psicóloga sanjuanina explicó “un conocido es alguien con quien existe un trato cordial, pero sin un nivel importante de intimidad o apoyo emocional. Un amigo implica confianza, reciprocidad, cuidado mutuo y una relación que trasciende lo circunstancial. En cambio, una amistad de conveniencia suele sostenerse principalmente por un beneficio específico, como compartir un trabajo, un interés o una actividad, y puede debilitarse cuando ese interés desaparece”.
Con relación a lo anterior resaltó “ningún tipo de vínculo es necesariamente malo, lo importante es que ambas personas tengan expectativas similares sobre esa relación. A su vez, los criterios que cada uno tenga sobre a quienes considera dentro de cada uno de estos roles, son de índole personal“.
Paso del tiempo y cambio de amistades
Con el paso de los años, las amistades también cambian. Algunas personas que fueron inseparables durante la infancia o la adolescencia toman caminos diferentes, mientras que nuevos vínculos aparecen en distintas etapas de la vida. Los cambios de trabajo, estudios, mudanzas, responsabilidades familiares e incluso los intereses personales influyen en la forma en que nos relacionamos y mantenemos nuestros lazos afectivos.
Lejos de significar una pérdida, esta transformación suele ser parte natural del crecimiento personal. Las amistades evolucionan, se adaptan a nuevas realidades y, en algunos casos, se fortalecen a pesar de la distancia y el tiempo.
“Así como las personas cambiamos, también cambian nuestras prioridades, intereses y etapas de vida. Algunas amistades nos acompañan durante esos procesos, por muchos años, mientras que otras cumplen una función importante en un momento determinado, y luego simplemente las cosas cambian” relató.
En este contexto aseguró “cuando una amistad termina puede vivirse un duelo real, porque implica la pérdida de un vínculo significativo. Procesarlo requiere permitirse sentir tristeza, enojo o nostalgia, aceptar que las relaciones evolucionan y resignificar lo vivido, sin minimizar el impacto emocional que se puede sentir. Personalmente considero que este tipo de duelo es uno de los más silenciados e invalidados, ya que muchas veces no se les da el espacio y el reconocimiento que requieren por no tratarse de una relación de pareja”.
Amistades tóxicas
No todas las amistades contribuyen de manera positiva a nuestra vida. Las llamadas amistades tóxicas son aquellas relaciones que, en lugar de brindar apoyo, confianza y bienestar, generan desgaste emocional, conflictos constantes o sentimientos de inseguridad. La manipulación, las críticas permanentes, la falta de reciprocidad o el intento de controlar las decisiones de la otra persona son algunas de las señales más frecuentes.
Reconocer estos comportamientos es fundamental para establecer límites saludables y proteger el bienestar emocional. “Algunas señales son sentir que debemos dejar de ser quienes somos para ser aceptados, recibir críticas constantes o descalificaciones, experimentar manipulación, competencia permanente, falta de respeto por los límites o una relación donde solo una persona sostiene el vínculo. Principalmente es importante prestar atención a cómo nos sentimos después de compartir tiempo con alguien: si de manera frecuente salimos agotados, culpables o sentimos que nuestra autoestima disminuye, puede ser una oportunidad para revisar ese vínculo” mencionó la especialista.
Por otro lado, hizo referencia a cómo se manejan los celos, la envidia o las comparaciones entre amigos. “Son emociones humanas y pueden aparecer incluso en vínculos muy sanos. Lo importante no es negarlas, sino comprender qué nos están mostrando. Muchas veces los celos o las comparaciones hablan de inseguridades personales, miedo a perder el lugar en la relación o dificultades con la autoestima. Es importante comprender que las emociones que puedan aparecer son válidas, pero eso no implica que todo lo que decidamos hacer con ellas lo sea. Poder reconocer esas emociones, hablarlas cuando corresponde y trabajar el fortalecimiento personal permite que no terminen dañando la amistad”, subrayó.
Amistad en la adultez
La amistad en la adultez presenta desafíos y características diferentes a las de otras etapas de la vida. Las responsabilidades laborales, los compromisos familiares y la falta de tiempo suelen reducir las oportunidades de encuentro, lo que hace que mantener los vínculos requiera un esfuerzo consciente. Sin embargo, las amistades adultas continúan siendo una fuente fundamental de apoyo emocional, compañía y bienestar. Diversos estudios destacan que contar con relaciones sociales sólidas contribuye a una mejor salud mental, reduce el estrés y favorece una mayor calidad de vida.
“Esto se relaciona directamente con la diferencia de estas etapas vitales en sí mismas. En la infancia y la adolescencia compartimos muchos espacios cotidianos que favorecen el encuentro espontáneo entre pares, como la escuela, actividades deportivas o recreativas. En la adultez, aparecen mayores responsabilidades laborales, familiares y menos tiempo disponible, por lo que crear vínculos requiere una intención más activa”, subrayó.
En este sentido, la psicóloga aseguró “es posible construir amistades profundas en cualquier etapa de la vida cuando existen intereses compartidos, apertura, reciprocidad y tiempo para cultivar el vínculo”.
Por último, Olivera habló de la amistad y el uso de las redes sociales “no son positivas ni negativas en sí mismas, esto depende del uso que hagamos de ellas. De manera positiva, pueden facilitar el contacto, sostener vínculos a la distancia y generar espacios de conexión. Sin embargo, también pueden favorecer comparaciones, malentendidos, expectativas poco realistas o una sensación de cercanía que no siempre se traduce en intimidad emocional. Es importante utilizar la virtualidad como una herramienta, empleando en su uso también el respeto, el cariño y la empatía que requiere el vínculo amistoso”.
