El precio del asado volvió a encender las alertas entre los consumidores argentinos: según datos del INDEC, el kilo del corte más popular subió un 13% en noviembre, muy por encima del 2,5% de inflación general del mes. El valor pasó de $11.775 en octubre a $13.304, un salto de casi dos mil pesos en apenas 30 días.
La suba interanual también causa preocupación: en el último año, el asado acumuló un incremento del 85%, cifra que duplica la evolución promedio de precios relevados por el IPC. Esta disparada confirma una tendencia sostenida en los últimos meses: los cortes vacunos se están encareciendo más rápido que el resto de los bienes y servicios.
Factores que explican la escalada
El fuerte incremento no es un hecho aislado, sino el resultado de un conjunto de factores estructurales que vienen afectando al mercado de la carne:
1. Menor faena y producción. La caída en la producción bovina redujo la oferta disponible y presiona los precios al alza.
2. Más exportaciones. Con valores internacionales atractivos, los frigoríficos destinan un mayor volumen de carne al mercado externo, lo que achica la disponibilidad para el consumo interno.
3. Estabilidad cambiaria. El precio del asado en dólares subió hasta USD 9,3 por kilo, mientras que el tipo de cambio oficial permanece estable hace más de 40 días. Ese “dólar planchado” expone más claramente el aumento real del precio en pesos.
Una suba que afecta a toda la canasta cárnica
Si bien el asado fue el corte que más aumentó en noviembre, otros cortes populares también registraron subas de dos dígitos, como la nalga, el cuadril y la paleta. Esto demuestra que el fenómeno no es puntual, sino generalizado.
Analistas del sector señalan que algunos incrementos tienen un componente estacional, pero advierten que también existe un reordenamiento estructural marcado por la tensión entre exportaciones y abastecimiento local. Con una producción proyectada estable para el próximo año, la presión sobre los precios podría continuar.
¿Hasta dónde podrá pagar el consumidor?
La gran incógnita es si los argentinos podrán seguir convalidando estos valores o si la demanda comenzará a retraerse. Por ahora, lo único claro es que el asado, símbolo de la mesa y la parrilla nacional, está cada vez más lejos del alcance de muchos bolsillos.







