Dos recientes videos que se hicieron virales generaron un fuerte repudio en redes sociales por su contenido. En uno, dos personas disfrazadas simulan “secuestrar” a una joven a la salida de un edificio: la apuntan con un arma, la suben a un auto y, en un lugar cerrado, le quitan la bolsa de la cabeza mientras ella anuncia una “fiesta de Halloween”.
La reacción de los usuarios fue inmediata y los dueños del boliche tuvieron que pedir disculpas. Aclararon que la intención era mostrar disfraces y terror, pero reconocieron que el video “podía interpretarse como una apología de la violencia de género”.
No fue un caso aislado. En Crespo, Entre Ríos, empleados de una estación de servicio Shell realizaron un video “humorístico” simulando hacer desaparecer a una clienta con la que tenían problemas. En la grabación, la colocan en una bolsa mientras comentan con un camionero que la enviarían a Formosa. La publicación también provocó indignación, y la estación debió disculparse públicamente, calificada la situación como “completamente inapropiada”.
Estos episodios dejan en evidencia la necesidad de responsabilidad y sentido común al crear contenido. Simular secuestros o desapariciones, incluso como “broma” o promoción, es una falta de respeto y un mensaje peligroso en un contexto donde la violencia de género es un problema grave.
