Este lunes 2 de marzo comenzó el Ciclo Lectivo 2026 en San Juan, ciento de niños y niñas regresaron a las aulas marcando el comienzo de Nivel Inicial y Nivel Primario. La ansiedad, emoción, miedo y alegría se mezclaron para generar una ensalada de emociones entre los más chicos.
El Sol de San Juan dialogó con la psicóloga infanto-juvenil Celeste Moral sobre lo que viven los estudiantes más chicos cuando vuelven a los establecimientos educativos luego de las vacaciones de verano. “Suelen aparecer muchas emociones juntas en los chicos, hay algunos que vuelven con muchas ganas y entusiasmo. Otros se sienten angustiados, nerviosos, enojados o algunos hasta cansados”, afirmó.
En este marco Celeste explicó que es normal sentir ansiedad o miedo antes de volver a la escuela. “Volver a la escuela implica separarse de la casa y adaptarse a nuevos horarios, exigencias, compañeros y maestros. Para algunos chicos esto se vive con mucha ansiedad, y en muchos casos con miedo, no significa que algo está mal, es una respuesta esperada al cambio y a una situación nueva y desconocida”.
En relación con lo anterior explicó “esto se intensifica mucho cuando el cambio ha sido grande, de jardín a primaria, el pasaje de la primaria a la secundaria, o cuando hubo situaciones difíciles el año anterior: repetir, rendir materias, vivir bullying en el aula o que el aprendizaje haya sido costoso. Todo esto moviliza a los chicos y a los papás”.
A su vez, la especialista destacó “también la vuelta a clase trae algo positivo porque volvemos a la rutina, a los horarios y cierta estructura que nos da orden y tranquilidad”. Este cambio de rutina de las vacaciones a las clases influye en el estado de los más pequeños dado que en las vacaciones tienen otros horarios. Al volver a las aulas tienen otras responsabilidades y esto tiene un impacto a nivel físico y emocional. “El cuerpo y la mente necesitan tiempo para acomodarse, por eso vemos chicos más cansados que les cuesta iniciar y acostumbrarse al hábito. Tenemos que tener en cuenta que todo lo que están vivenciando las primeras semanas de clase es un proceso de adaptación”.
En esta etapa es clave que los adultos puedan entender los tiempos y la maduración de los chicos. “No todos los chicos tienen los mismos ritmos y las expectativas de los papás confunden, alteran y generan una mezcla de emociones pero cada chico tiene sus tiempos. Lo que tenemos que ver es que esto va a ser posible pero nuestro hijo no está preparado, necesita más días y algunas rutinas que lo puedan preparar” expuso Moral.
En este contexto agregó “se menciona poco las expectativas que tenemos los adultos en comparación al año anterior, sobre todo si nuestro hijo se encuentra en algún grado que está postulado a obtener un promedio para tener la bandera o para formar parte de una beca. Todas estas expectativas que tenemos como papás sobre nuestros hijos influyen un montón y generan una mezcla de emociones. Es importante como adultos tener bastante cordura, entender que no siempre nuestras expectativas son las de los chicos, el inicio de clases es una adaptación y no todos pueden estar para lograr lo mismo, hay otra variedad de opciones. Es un proceso”.
Para finalizar, Celeste hizo hincapié en cómo podemos ayudar a los menores en la vuelta a clases. “podemos acompañarlos escuchando lo que sucedió en el primer día de clases, validando lo que siente, ayudándolos a que puedan organizarse, a iniciar en estos hábitos de a poco. Tratar de no apurarlos y exigirles resultados inmediatos. A veces lo más importante no es que rindan rápido, ni que se adapten rápidamente, sino que se sientan seguros y sostenidos”.









