Cada 8 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Fisioterapia, una fecha dedicada a visibilizar el impacto de la salud física y el movimiento en la calidad de vida. En San Juan, donde disciplinas como el ciclismo, el hockey sobre patines, el fútbol, el futsal y los deportes de montaña demandan un entrenamiento de alta intensidad, el rol del kinesiólogo y fisiatra ha dejado de ser meramente reactivo para convertirse en un pilar estratégico de la preparación física.
Hoy en día, el abordaje deportivo no solo busca la rehabilitación tras una lesión, sino adelantarse a ella mediante la evaluación biomecánica y el trabajo funcional adaptado a cada disciplina. En este contexto, El Sol de San Juan dialogó con Ariadna Calisse Ramírez, kinesióloga y fisiatra sanjuanina especializada en Kinesiología del Deporte, sobre cómo la ciencia, la prevención y el análisis del movimiento transforman el rendimiento de los deportistas locales.
“Nuestra profesión dejó de ser solo ‘la rehabilitación posterior a la lesión’ para ocupar un rol central en todo el proceso de salud: prevención, tratamiento y reinserción a la actividad deportiva. Trabajamos para que la persona recupere la función y la calidad de vida, no solo para que deje de dolerle”, explicó la especialista.
“Somos un eslabón clave entre el diagnóstico médico y el momento en que el paciente vuelve a hacer lo que necesita o desea, ya sea caminar sin dolor, retornar al trabajo o competir al máximo nivel”, destacó Calisse.

Trabajo interdisciplinario: el éxito en equipo
Lejos de trabajar en soledad, el kinesiólogo fisiatra dialoga de forma permanente con traumatólogos, preparadores físicos, nutricionistas y psicólogos deportivos. Las soluciones mágicas y los esfuerzos aislados quedaron en el pasado: el rendimiento físico y mental de un deportista es el resultado de un abordaje integral.
“Fechas como esta sirven para visibilizar el trabajo en equipo: el médico fisiatra realiza el diagnóstico y define el plan general, mientras que el kinesiólogo lo traduce en un trabajo activo y progresivo con el paciente, día a día”, afirmó.
La profesional agregó: “La comunicación fluida es clave para reportar avances y ajustar tiempos. En el deporte esto se nota mucho: un jugador lesionado necesita que médicos, kinesiólogos, nutricionistas, psicólogos, directores técnicos y preparadores físicos estemos alineados para no atrasar ni apurar el retorno a la cancha”.
Mitos de la kinesiología: de la asistencia pasiva al criterio científico
Años atrás, la kinesiología y la fisiatría ocupaban un lugar secundario, reducidas injustamente a una tarea pasiva, a la aplicación mecánica de agentes físicos o a un “masaje rápido”. La disciplina ha tenido que derribar prejuicios instalados en el propio sistema médico y lidiar con la falta de reconocimiento.
“Una de las ideas más comunes es pensar que la kinesiología es ‘solo masajes’ o que el tratamiento termina cuando desaparece el dolor. También se cree que hay que esperar a estar lesionado para consultar, o que ‘cuanto más duele el tratamiento, más efectivo es’. En realidad, buscamos una progresión con criterio científico, no causar dolor”, aclaró Ariadna.
En el alto rendimiento, los objetivos van más allá del alivio puntual: “Buscamos devolverle al atleta capacidades específicas de su disciplina, como velocidad, potencia, cambios de dirección y tolerancia a la carga de entrenamiento. Los tiempos son ajustados por los calendarios de competencia, por lo que el trabajo es muy específico según el gesto deportivo y la posición del jugador”.

El acompañamiento emocional durante la recuperación
Más allá de la fibra muscular o el ligamento dañado, toda lesión impacta en la fortaleza mental del deportista. La incertidumbre sobre el futuro, la frustración y el temor a no recuperar el nivel habitual acompañan cada etapa de la rehabilitación. Durante este proceso, la camilla se transforma en un espacio de escucha y contención.
“El impacto mental es tan real como el físico: hay miedo a lesionarse de nuevo, frustración por el tiempo perdido y ansiedad por volver. Como kinesióloga, busco sostener expectativas realistas, celebrar los pequeños avances y mantener al deportista involucrado en su proceso, explicándole el porqué de cada etapa”, señaló.
En esta línea, enfatizó la importancia de la salud mental: “Cuando lo veo necesario, sugiero sumar apoyo psicológico deportivo. Es fundamental para que el paciente comprenda los tiempos de su lesión, gestione la ansiedad y aproveche al máximo la rehabilitación”.
Un desafío individualizado en cada paciente
Hoy, la kinesiología es una disciplina científica basada en la evidencia. En el deporte de alto rendimiento, su función migró del margen al centro de la escena para diseñar estrategias que optimicen la capacidad física y prevengan lesiones.
“Enfrentamos desafíos nuevos todos los días porque ningún paciente es igual a otro. Aunque compartan la misma patología, cada persona tiene síntomas, necesidades, contextos y objetivos diferentes. No existen recetas únicas”, comentó.
“Lo que hace tan apasionante a nuestra profesión es analizar cada caso de forma individual, adaptar el tratamiento y acompañar a la persona en su propio camino. Es lo que más amo de mi trabajo”, expresó Calisse.
Kinesiología preventiva: aplicaciones en el deporte y la vida diaria
Durante mucho tiempo primó una visión reactiva de la salud: acudir al kinesiólogo únicamente ante una inflamación o un dolor incapacitante. La verdadera revolución de la disciplina radica en anticiparse al daño.
“Es fundamental resaltar el valor de la prevención. Una herramienta clave es la evaluación del deportista, donde medimos la fuerza con dinamometría, las capacidades funcionales, la velocidad, la potencia y los saltos. Estos datos objetivos nos permiten detectar asimetrías o déficits antes de que se transformen en lesiones, y marcan la línea de base para un retorno seguro a la competición”, explicó la kinesióloga.
En el plano deportivo, trabajar la propiocepción, la fuerza y la movilidad de forma anticipada reduce de manera drástica el riesgo de recaídas. Asimismo, en la vida cotidiana, cuidar la postura, mejorar la técnica de movimiento y fortalecer progresivamente la musculatura previene dolencias complejas.

Para finalizar, Ariadna Calisse recomendó cinco hábitos preventivos al alcance de todos:
Progresar de forma gradual ante cualquier actividad física nueva.
Incorporar ejercicios de fuerza y no únicamente trabajo aeróbico.
Respetar el descanso y la calidad del sueño.
Realizar entradas en calor adecuadas antes de entrenar.
Consultar a tiempo ante molestias persistentes, evitando esperar a que el cuadro empeore.








