Mientras el país se prepara para alentar a la Selección Argentina este sábado 27 de junio en el Mundial, los colores celeste y blanco vuelven a inundar calles, estadios y pantallas. Pero pocos saben que esa bandera que hoy ondea con tanto orgullo en cada partido no siempre fue un símbolo unánime ni inmediato de la nación.
En diálogo con El Sol de San Juan, Ayelén Almarcha, profesora de historia e investigadora, aseguró “la bandera fue creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná, en Rosario. Sin embargo, el Primer Triunvirato le ordenó ocultarla porque temían que se interpretara como una declaración abierta de independencia. Eso muestra que no nació como un símbolo consolidado, sino como una propuesta política en un contexto de mucha incertidumbre”.

Del campo de batalla a las tribunas del Mundial
Hoy, más de dos siglos después, esos mismos colores generan un furor que trasciende lo deportivo. En cada partido de la Selección, la hinchada argentina transforma los estadios en un mar celeste y blanco. Camisetas, banderas, caras pintadas y cánticos hacen visible una identidad que se fue construyendo con el tiempo.
“Muchas imágenes que hoy consideramos históricas, como San Martín cruzando los Andes con la bandera, son en realidad reconstrucciones simbólicas posteriores. La idea de una nación argentina unida bajo esos colores tardó décadas en consolidarse”, afirma Almarcha.
En las provincias, incluido San Juan, la apropiación de la bandera también fue gradual. Durante gran parte del siglo XIX primaron las identidades locales y los conflictos entre unitarios y federales. Recién hacia fines de ese siglo, con las políticas educativas de la Generación del 80, la bandera se convirtió en un emblema verdaderamente nacional.
“Fue la escuela la que ayudó a transformar ese símbolo revolucionario en algo casi sagrado. Los actos escolares, las promesas de lealtad, los monumentos y las ceremonias públicas contribuyeron a transformar un símbolo surgido en el contexto revolucionario en un elemento central de la identidad argentina“, explica la investigadora.
Hoy vemos el resultado de ese proceso cada vez que la hinchada argentina canta el himno o despliega miles de banderas en un estadio del Mundial.

Un símbolo que sigue vivo
Ayelén Almarcha destaca que los símbolos patrios tienen una historia viva: “La bandera argentina fue el resultado de un largo proceso de construcción política, cultural y social. Un proceso que llevó décadas y que permitió que, desde Buenos Aires hasta San Juan, generaciones de argentinos terminaran reconociéndose bajo los mismos colores celeste y blanco”.

Ayelén finalizó “estas fechas nos invitan a reflexionar sobre uno de los símbolos más importantes de nuestra identidad colectiva”.









