Cada 25 de junio se conmemora el Día Mundial del Vitiligo, una fecha destinada a visibilizar esta condición que afecta la pigmentación de la piel y que padecen millones de personas en todo el mundo. Aunque no es contagiosa ni representa un riesgo para la vida, su impacto muchas veces suele estar relacionado con la autoestima, los prejuicios y la discriminación.
Mariana Masciadri, es una caucetera con vitiligo, que día a día convive con ciento de miradas, las cuales muchas veces han sido discriminatorias. En diálogo con El Sol de San Juan manifestó “mis manchas ya no son algo que quiero esconder, hoy son la prueba de todo lo que tuve que aprender para volver a amarme”.
En este contexto explicó “el vitiligo es una enfermedad silenciosa, no causa dolor físico, pero sí un gran impacto emocional y psicológico. Te pone frente al espejo y te hace sentir diferente”.
Diagnóstico y primeras manchas
Mariana se enteró de su diagnóstico hace aproximadamente cinco años, luego de atravesar un momento de muchísimo estrés por la pérdida de su abuela. “Al principio eran pequeñas manchitas, parecidas a una urticaria, después comenzaron a transformarse en manchas blancas que no tenían ningún significado para mí en ese momento”, comentó.
Con respecto al diagnóstico afirmó “cuando las manchas empezaron a molestarme, sobre todo con la exposición al sol, decidí consultar a un médico y fue allí donde me diagnosticaron vitiligo”.
A su vez subrayó “recibir ese diagnóstico fue muy duro. Sentí miedo, tristeza e incertidumbre. Busqué respuestas y remedios por todos lados, desde tratamientos hasta remedios caseros que me recomendaban, con la esperanza de encontrar una solución rápida, pero entendí que era un proceso que debía aprender a transitar”.
En esta línea describió “el vitiligo cambió mi vida por completo. Me enseñó a valorarme desde mi interior y no desde lo que los demás esperan de mí. Aprendí a derribar mis propias barreras y a dejar de esconderme. Hubo un tiempo en el que ocultaba mis manos en los bolsillos para que nadie viera mis manchas. Hoy, en cambio, forman parte de mí y de mi historia”.
También aseguró “aprendí a trabajar la ansiedad, el estrés y mis pensamientos. Empecé a cuidarme más, a alimentarme mejor, a hidratarme y a buscar tranquilidad. Y, para mi sorpresa, con el tiempo algunas zonas de mi piel comenzaron a repigmentarse. Entendí que cuando uno logra silenciar la mente y encontrar paz, el cuerpo también empieza a sanar de alguna manera”.

Prejuicios y discriminación
El vitiligo es una condición de la piel que, más allá de su impacto físico, suele estar rodeada de prejuicios, desinformación y situaciones de discriminación en distintos ámbitos de la vida cotidiana. A pesar de los avances en inclusión y concientización, muchas personas que conviven con vitiligo aún enfrentan miradas estigmatizantes, barreras sociales y estereotipos que afectan su autoestima y calidad de vida.
En este marco Mariana señaló “lamentablemente sí, fui discriminada en Caucete por un árbitro, una situación muy dolorosa que no le deseo a nadie. También me han preguntado si es una enfermedad contagiosa o me han mirado con curiosidad y prejuicio”.
Además, agregó “muchas personas creen que las manchas son quemaduras o algo que puede transmitirse, por eso considero tan importante concientizar. El vitiligo no es contagioso. Es una enfermedad autoinmune que puede tener un componente hereditario y que, en muchos casos, también puede desencadenarse por situaciones de estrés, como sucedió en el mío”.
Mitos sobre el vitiligo
Los mitos en torno al vitiligo han contribuido durante años a la desinformación y a la aparición de prejuicios que afectan directamente a quienes viven con esta condición de la piel. Muchas de estas creencias erróneas, que van desde suposiciones sobre su origen hasta ideas equivocadas sobre su contagio o impacto en la salud, generan estigmatización y discriminación en la vida cotidiana.
“El principal mito que me gustaría derribar es que el vitiligo es contagioso, porque no lo es. Tampoco es una enfermedad que provoque dolor físico. Lo que sí puede generar es sensibilidad en la piel, especialmente al exponerse al sol o a temperaturas muy frías” expresó.
También dijo “una persona con vitiligo no es diferente o menos capaz. Somos personas normales, con sueños, miedos y sentimientos como cualquier otra”.
Mariana aseguró “el vitiligo es algo que uno no elige y no define quiénes somos. No tengan vergüenza, no se escondan. Aceptarse lleva tiempo, pero cuando uno logra hacerlo, todo empieza a ser más llevadero. Rodéense de las personas que los aman, hablen de lo que sienten y no se queden en silencio.
La caucetera finalizó “si alguna vez alguien se burla o los juzga, eso habla más de la otra persona que de ustedes. Cada mancha cuenta una historia de lucha y de fortaleza, se puede vivir plenamente, ser feliz y salir adelante”.










