Maru Silva es licenciada en Comunicación Social, periodista, conductora, deportista y creadora de contenido para redes sociales. Se abrió paso por la televisión sanjuanina con el noticiero central de Xama y de ‘DQE en la Tele’, esto la llevó a formar parte de transmisiones nacionales con Telefe y la TV Pública. En una fecha de reflexión y reconocimiento, el Día Internacional de la Mujer encuentra en San Juan historias reales de lucha, crecimiento y compromiso que merecen ser contadas.
El Sol de San Juan dialogó con la famosa conductora que formó parte de transmisiones de Telefe y día a día se gana el cariño de la audiencia sanjuanina. “Empecé en esta profesión hace exactamente 18 años y, aunque no parezca tanto tiempo, puedo afirmar que el mundo de los medios en San Juan era completamente diferente. La mayoría de las veces a las mujeres se nos exigía firmeza, pero también simpatía, opinión, pero sin incomodar demasiado. Creo que uno de los principales desafíos que enfrenté fue poder construir liderazgo desde mi identidad para poder dar mi opinión desde mis convicciones y valores. Encontrar mi propia voz, sin copiar modelos masculinos para agradar y sin pedir permiso a la hora de opinar. Fue un camino de aprendizaje”.
Con respecto a la desigualdad de género en las oportunidades laborales manifestó “si tengo que decir cómo lo viví yo, realmente siento que fui una bendecida. Comencé en el mundo del deporte cuando en San Juan éramos contadas con los dedos de una mano las periodistas deportivas. Pude encontrar espacios en donde valoraban y respetaban mi trabajo. Y eso que, hace 20 años, escuchar a una mujer hablando de fútbol generaba sorpresa y hasta rechazo. Pero lo que me pasó puntualmente a mí no es la generalidad de los casos, porque a lo largo de mi vida pude ver como el género claramente influye en algunas oportunidades. En determinados espacios —política dura, economía, análisis fuerte— suelen asignarse primero a hombres, mientras que a las mujeres muchas veces nos ‘encasillan’ en lo estético, lo social o lo emocional. Y eso también limita”.

Sobre los privilegios masculinos que todavía existen en el periodismo destacó “la autoridad automática. Muchas veces un hombre es percibido como líder o referente sin tener que demostrar tanto, mientras que una mujer debe construir legitimidad constantemente. No es una crítica individual, es una estructura cultural que todavía persiste”.
En esta línea explicó las exigencias con las que convive día a día en su trabajo “tenemos que estar preparadas, se nos exige estar impecables, emocionalmente equilibradas, disponibles laboralmente 24hs, etc. Es una vara más alta y más amplia. Un hombre puede salir al aire con las zapatillas sucias o decir una burrada y difícilmente eso ponga en discusión su capacidad profesional. En cambio, a una mujer se la analiza por cómo está vestida, cómo habla, si sonríe demasiado o si es ‘demasiado firme’. Y existe otro privilegio más silencioso: a los hombres no se les cargan responsabilidades extras bajo el argumento de que ‘las mujeres tienen más sensibilidad, más sentido estético, más creatividad’. Ese discurso aparentemente elogioso termina significando más tareas, más exigencia y el mismo cargo”.
En relación con lo anterior sostuvo “en los medios la deuda pendiente es ocupar más espacios de decisión. No solo estar frente a cámara o al micrófono, sino también en la mesa donde se define la agenda, la línea editorial. Necesitamos más mujeres decidiendo qué se comunica y cómo se comunica”.

Por otro lado, la periodista habló del costo personal de crecer profesionalmente en los medios de comunicación de la provincia. “Siempre hice malabares para poder ‘hacer todo’ (familia, trabajos, deportes, pareja, amigas), pero ahora que estoy un poco más grande puedo ver que sí. Quieras o no el crecimiento profesional casi siempre implica resignar algo: tiempo personal, descanso, momentos familiares. Y las mujeres solemos cargar con la culpa de no llegar a todo. Aprender a soltar esa culpa fue parte de mi crecimiento. En realidad, lo sigue siendo”.
Maru finalizó dejándole un mensaje a las mujeres: “no se achiquen para encajar. Que estudien, que se preparen, que confíen en su voz, que entiendan que el respeto no se pide: se ejerce. Cuestionen las reglas cuando no son justas. Nadie les está regalando un lugar, lo están construyendo. No vinimos a adaptarnos a estructuras desiguales: vinimos a transformarlas”.








