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¿Suicidio o asesinato? Las dos hipótesis sobre la muerte de Alberto Nisman

Qué concluyó cada uno de los cinco informes médicos y criminalísticos.

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“Le suministraron ketamina, más allá de que lo golpearon antes, eso lo coloca en un estado de sumisión química, de forma tal que se entiende que deben haber sido dos: uno que lo sostenía de las axilas y el segundo que lo ejecuta”, asegura Manuel Romero Victoria, quien fue durante cuatro años uno de los abogados de las hijas del fiscal Alberto Nisman. “Nisman abre la puerta, cierra la puerta, entra al baño y hay un dato significativo que es el paño verde, donde estaba el arma. Toma el paño verde, abre, saca, toma el arma, se reformula y hace esto”, dice con sus manos sobre un costado de la cabeza Luis Olavarría, licenciado en criminalística que representa como perito a Diego Lagomarsino, el informático que le llevó a Nisman la pistola y que está procesado como como participe de un crimen en la causa.

Y así están planteadas en la causa judicial dos maneras distintas de morir sobre una misma muerte, ocurrida hoy hace cinco años. ¿Por qué la grieta si el juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano, quienes están cargo del caso, consideraron en sus resoluciones que se trató de un homicidio? Porque el peritaje de Gendarmería Nacional, que concluyó que a Nisman lo mataron, presenta objeciones sobre su modalidad de trabajo y algunos de sus puntos. Y porque otros expertos, como los del Cuerpo Médico Forense, no pudieron llegar a una conclusión y los de la defensa dicen que se trató de un suicidio.

Infobae convocó, a cinco años de la muerte de Nisman, a Romero Victoria y a Olavarría a que expongan sus posiciones y repasó los informes forenses y criminalísticos del expediente judicial que ya acumula más de 47 mil páginas.

El primer estudio se hizo el 19 de enero de 2015 a las 8 de la mañana. Menos de 12 horas después de que el cuerpo de Nisman fuera encontrado en el baño principal de su departamento del complejo Le Parc. Allí tuvo lugar la autopsia del Cuerpo Médico Forense, a cargo del doctor Héctor Di Salvo. Se trata de 14 páginas de informes médicos y clínicos sobre cada aspecto analizado del cadáver de Nisman. “La muerte de Natalio Alberto Nisman fue producida por lesiones cráneo encefálicas por proyectil de arma de fuego – hemorragia interna”, señala el informe.

La autopsia no concluye si fue un suicidio o un homicidio. En la causa consta un adelanto telefónico: “El cuerpo no presenta indicadores de lucha o defensa; que presenta espasmo cadavérico en su mano y dedo índice, y que por el momento todo ello permite inferir que no hubo participación de terceras personas en el resultado muerte, por lo que podría tratarse de un disparo auto-provocado”. Pero al día siguiente de esa notificación, el decano del Cuerpo Médico Forense, Roberto Godoy, le envió una nota a la fiscal Viviana Fein, a cargo por entonces de la investigación, en la que sostuvo: “Tampoco manifesté que por los hallazgos necrópsicos, cabe excluir la eventual participación de terceras personas en el hecho de la muerte”.

Alberto Nisman

En mayo de 2015, dos meses después de que las hijas de Nisman se presentaran como querellantes y su madre, la jueza Sandra Arroyo Salgado, denunciara un magnicidio, una Junta Médica de 13 peritos del Cuerpo Médico Forense volvió a analizar el caso. “Desde la perspectiva médico-legal, no podemos afirmar ni descartar -con certeza científica-, cualquier hipótesis de causalidad subjetiva; es decir, que se trate de una muerte voluntariamente auto-provocada u ocasionada por la acción directa o indirecta de terceras personas”, se sostuvo.

El segundo informe de importancia en la causa lo presentó en junio de 2015 la División Criminalística de la Policía Federal. Los peritos concluyeron que se trató de un suicidio: “la hipótesis más probable es que el Dr. Nisman habría estado parado junto a la bañera, frente al vanitory, sobre la alfombra, de cara al espejo y con el lateral del dorso levemente perfilado hacia la puerta al momento de producirse el disparo”.

El suicidio de Nisman según la Junta Médica

(Crédito: Damián Rodríguez)
Crédito: Damián Rodríguez

El segundo informe de importancia en la causa lo hizo el Centro de Investigaciones Fiscales (CIF) de Salta en febrero de 2015. Fue un barrido electrónico sobre las manos de Nisman. En rigor, es sobre adhesivos de carbono que se tomaron de las manos del fiscal fallecido. El estudio indicó que “se hallaron partículas consistentes con residuos de disparo” que “pueden estar asociadas con la descarga de un arma, pero también podrían originarse a partir de otras fuentes no relacionada con una deflagración de armas”. En aquel momento, los técnicos explicaron que los residuos pueden no detectarse por varios factores. El CIF hizo en septiembre de 2015 un segundo informe: se disparó tres veces el arma y se analizó qué tipo de rastros dejó, con distintas horas de diferencia. Los expertos usaron un maniquí con piel de cerdo para intentar reconstruir lo que pasó con las manos de Nisman. La conclusión fue que en “las muestras colectadas después de cada disparo se hallaron partículas características y consistentes con residuos de disparo de arma de fuego”.

El tercer informe clave para la causa se le ordenó a la Gendarmería, cuando la causa ya había pasado al fuero federal bajo la hipótesis de que la muerte del fiscal ocurrió en el marco de su función. El fiscal Taiano entendió que los anteriores no eran concluyentes y el caso requería una Junta Interdisciplinaria.

En septiembre de 2017, la fuerza sostuvo que Nisman “no utilizó las manos para efectuar el disparo que le causara la muerte violenta”. Esa conclusión fue avalada por las dos querellas que entonces tenía de la causa y objetada por los peritos profesionales que representan a Lagomarsino. Los puntos centrales de ese informe establecen que a Nisman lo mataron dos personas (uno lo sostenía por las axilas y otro le disparó) y que en sus vísceras tenía ketamina, aunque sin especificar la cantidad ni cómo fue suministrada. Sin embargo, ninguno de esos elementos fueron tomados por el juez y el fiscal. Pero sí se basaron en otras conclusiones del mismo análisis para concluir que se trató de un homicidio. Gendarmería dio un horario exacto de la muerte: las 2:46 horas del domingo 18. Pero las críticas apuntan a que en la data de una muerte no hay un horario preciso sino franjas de tiempo.

Las manos de Nisman cuyos restos fueron peritados
Las manos de Nisman cuyos restos fueron peritados

Para Romero Victoria, quien fue abogado en la causa desde junio de 2015 hasta diciembre de 2018, cuando las hijas del fiscal renunciaron a seguir querellando, a Nisman lo mataron. Una de las claves que lo demuestra es que en sus manos no hay residuos de disparo. “Tenía partículas consistentes. El residuo de disparo, llamado deflagración, y en criollo tener pólvora en las manos, es que cuando el arma se dispara salen de las ranuras del arma -el percutor, el gatillo, cuando la corredera vuelve hacia atrás- salen partículas, bario, plomo y antimonio. Con eso se hace la pólvora. En el caso de un arma dispara, como sale el proyectil, fusiona esas partículas químicas entonces se habla de bario, plomo y antimonio fusionado y eso se lo denomina en criminalística partículas características”, explica y dice que en las manos de Nisman “de esos tres elementos químicos hay dos y no fusionados”.

A contrapelo, Olavarría sostiene que “si están las tres partículas es una característica que es de producto de arma de fuego”. Según precisa, “a veces no hay tres partículas, hay dos partículas unidas que no alcanzan a la categoría que se llaman partículas consistentes. Pero consistentes con residuo de disparo. ¿Y había en las manos de Alberto Nisman? Sí, había. ¿Cuántas? 88, 69 en una mano y 19 en la otra. O sea que en ambas manos tenia”. El perito sostiene que ese residuo lo pueden dejar otras acciones como las campanas de freno de un auto, el uso de pirotecnia, las herramientas para clavar en hormigones.

“Pero Nisman no estuvo tirando fuegos artificiales, ni frenando un auto ni tampoco estuvo clavando. ¿Así que de dónde creemos nosotros, pensando con la lógica, que puede tener? Pero acá hay un elemento que suma y que resta al mismo tiempo que es la sangre. No olvidemos que es tan rápido el suceso que viene la partícula y viene la sangre. Así que la sangre puede barrer perfectamente lo que está”, dice Olavarría. Pero Romero Victorica no coincide: “¿Qué sé yo qué hacía? No puedo saber qué estuvo haciendo Nisman, qué elementos tocó. No sabes qué pasó en la escena del crimen, qué hizo Nisman”.

La mancha de sangre sobre el lavatorio del baño
La mancha de sangre sobre el lavatorio del baño

Otro punto de debate es la línea de sangre que hay sobre la mesada del lavatorio. “Es de la boca, no merece discusión. Para que salga del orificio de entrada la conformación se produce cuando el arma está en contacto apoyado no siempre pero se produce por la gran presión que los gases producen en el cráneo y la sangre sale expulsada de manera de un spray como si fueran pequeñas gotitas de menos de un milímetro, se llama blood splatters, retro salpicadura o retroproyección, que no tiene nada que ver con la imagen que estamos viendo de esa salida de sangre que es de la boca”, sostiene Olavarría.

“Si me estás diciendo que estaba parado frente al espejo, es nariz o boca (de donde saltó la sangre). ¿Buscaron si tenía mucosa, saliva, o si era del orificio de entrada si tenía restos de masa encefálica? No, ni siquiera lo buscaron porque no tomaron lo que se llama una prueba citológica. Si no podés decir el origen de la franja, no me podés decir tampoco de dónde salió la sangre y con eso que me digas que está parado frente al espejo me estás haciendo una ficción y no me sirve. Entonces pasó a ser más creíble la postura del licenciado (Daniel) Salcedo (perito de la querella) que lo ubicaba (a Nisman) de costado al espejo, mirando la bañadera y que decía que la franja correspondía al orificio de salida”, postula Romero Victorica.

El asesinato de Nisman según la Gendarmería

(Crédito: Damián Rodríguez)
Crédito: Damián Rodríguez

Para el perito Olavarría, un elemento que marca que no hubo dos personas con Nisman en el baño es una pequeña mancha de sangre que se halló en el inodoro. “Hay una pequeña mancha al lado del inodoro, de aproximadamente un milímetro, muy pequeño, mi pregunta es: ‘¿Qué hace ahí si hay una o dos personas paradas frente al inodoro?’. En el caso de un homicida o en el caso de dos homicidas. No tiene razón de ser, no puede estar. Así que no hay ningún telón de interposición entre la fuente de producción del sangrado y la llegada de la posición final”, se pregunta y responde.

Por su parte, para Romero Victoria los autores del homicidio pudieron salir del baño sin contaminar el lugar. “Salieron porque en ese momento el cuerpo del fiscal Nisman estaba agonizando. Por eso esa gran cantidad de sangre. ¿Qué significa? Que el cadáver no queda rígido, de ahí si se ve las fotos del baño del lado de adentro se ve como una especie de cepillado. Ese fue el pelo de Nisman, que cuando salen y hasta que se cierra la puerta deja ese cepillado típico de un cuello que se puede mover”.

Romero Victorica
Romero Victorica

Respecto de la ketamina, Romero Victorica considera que no le “llama la atención” que haya aparecido en el informe de Gendarmería y no en el del Cuerpo Médico Forense. “Explicaciones en este caso, donde hubo tantas irregularidades, no me llama la atención”, dijo. A su criterio, si se dijera “que se hizo todo bien y nos aparece este tema de la ketamina” sería “única excepción a la regla”. Pero a su criterio fueron muchas las falencias que rondaron el hecho. Olavarría, en cambio, da otra hipótesis: “Los papers nos están diciendo que la ketamina en los mejores términos para conservarse y no degradarse es a una temperatura de -20 grados celsius durante un año. Pasado ese tiempo se degrada y acá pasaron dos años y medio. Si dijeron que la ketamina estaba en viseras, sobre todo en el hígado, ¿por qué no está metabolizada? Si no encuentro el metabolito es porque no hizo efecto y si no hizo efecto es porque no está bajo los efectos de la ketamina. Entonces consideramos nosotros que esto es una contaminación de equipo, que los equipos (de Gendarmería, al momento del estudio) pueden haber estado contaminados”.

Quizás, en un único punto, el abogado y el perito coinciden: fue un error haber desvestido a Nisman en el baño de su casa. “No preservaron nada, ni siquiera la ropa para poder peritarla. Innecesariamente lo desnudaron”, sostiene Romero Victoria. “El cadáver no debe ser desvestido en el lugar porque para eso está la morgue. Eso puede contaminar con la ropa, con la sangre. Yo quisiera estudiar cosas de la ropa y hoy no podría porque ya fue muy manipulado, alterado a mi criterio innecesariamente”, dice en la misma línea Olavarría.

Pero ambos vuelven a discrepar cuando Infobae pregunta si el baño donde apareció Nisman fue manipulado o si los expertos que estuvieron en el lugar trabajaron mal. “Fue una vergüenza. Directamente no hay otra palabra. Las fotos circularon por todos lados, hay un video que circula en la web y lo han levantado montones de programas de televisión y noticieros. Pareciera que hubiese caminado un ejército de elefantes ahí adentro”, critica quien fuera abogado querellante. “Las fotografías que yo trabajé en el expediente fueron perfectas. Lo que quizás se mostró fueron desprolijidades. Son espacios chicos y con mucha sangre, un fiscal y mucha gente, que el testigo, el perito, la fiscal, el muerto, que el que filma, el que graba. El lugar no se alteró, está dicho en el expediente que el lugar no fue alterado. Quizás después (…) se fue modificando (el lugar) pero las primeras imágenes fueron perfectas”, opina Olavarría.

Luis Olavarría (Fotos: Santiago Saferstein)
Luis Olavarría Crédito: Santiago Saferstein

Para Romero Victoria, hay más elementos que avalan el homicidio. “El teléfono había sido borrado. No hay un solo mensaje entrante ni saliente antes de ese domingo en que apareció muerto. Estaba hecho a través de lo que se conoce como un método de borrado seguro. La computadora fue manipulada. Le borraron los registros de Windows. No sabemos qué porque no sabemos qué tenía. En su departamento no se encontraron huellas, ahora encontraron la del prefecto Aranda, en la taza de Lagomarsino. No había huellas de las hijas. Al departamento lo limpiaron”.

Sin embargo, en el estudio de las fotografías, Olavarría encontró otro elemento que ratifica, a su juicio, que fue un suicidio. “Hay una imagen super representativa que es que en el índice izquierdo hay un sangrado vertical que consideramos que es una mordedura, un pellizco, producto de la corredera que va hacia atrás”, explica Olavarría para señalar que Nisman usó el arma.

Dos posturas. Dos hipótesis. Contrarias entre sí y sobre las mismas pruebas. A cinco años de la muerte de Nisman, las dudas sobre qué pasó con el fiscal siguen latentes. Y las respuestas no cierran la grieta.

Fuente: Infobae

Crédito Imagen de Portada: Radio Mitre – Cienradios

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Un preso fue empalado por denunciar venta de estupefacientes

El hecho, que ocurrió en octubre de 2016, fue elevado a juicio oral este febrero.

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Crédito: Buenos Aires Ciudad

El preso José Osvaldo Benítez presentía durante la noche del 16 de octubre de 2016 que lo rodeaba un halo de venganza. En prisión hay cosas que se huelen. Cambia el clima. El aire se tensa como una cuerda de equilibrista. Benítez se lo dijo a su esposa mientras le hablaba por el teléfono público dentro del pabellón 32, en el primer piso del Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad de Buenos Aires, comúnmente conocido como la cárcel de Devoto.

Y así fue. Cuando cortó y giró, el detenido estaba rodeado por tres pesos pesados del “rancho”. Eran “El Uruguayo”, “El Gordo Fernando” y “El Sicario de Don Orione”. Detrás de estos hombres, el resto de los habitantes del pabellón. Eran las 23.30 y como una manada salvaje el trío se tiró encima de Benítez. Lo que siguió fueron ocho horas y medio de espanto y horror: le pegaron, le intentaron quemar la cara, lo ahogaron en un inodoro y lo empalaron.

Todo porque Benítez comentó que sabía que ellos vendían y distribuían drogas en la cárcel con total impunidad.

Durante toda la noche, el preso atacado gritó, preso del dolor extremo. Pero ninguno de los tres agentes penitenciarios a cargo de la custodia del pabellón lo ayudó. Al contrario. Miraron para otro lado, según la acusación en su contra que llegó a la Justicia. Uno de ellos le dijo: “Vas a tener que esperar al recuento” (de presos). Casi a las 8 de la mañana del día siguiente, cuando el celador de turno fue a revisar el sector, lo encontró a Benítez desangrándose: lo salvó un colchón, que sus compañeros le pusieron para detener la hemorragia.

Pasaron tres años y medio de aquel hecho y finalmente el juez Alejandro Ferro, tras el pedido de la fiscal Mónica Cuñarro, titular de la Fiscalía Criminal y Correccional N° 16, elevó el caso a juicio oral el 6 de febrero pasado: los presos Alejandro Daniel Nogués (alias “El Uruguayo”, 46 años), Fernando Matías Pacheco (“El Gordo Fernando”, 34) y Jonathan Ricardo Rolón (“El Sicario de Don Orione”, 25) junto a los penitenciarios Miguel Ángel Rolón (32), Nelson Javier Vargas (28) y Marcelo Fabián Lezcano (42), estarán en el banquillo de los acusados.

A los tres detenidos se les endilga haber sometido a torturas a José Osvaldo Benítez, mediante el empalamiento, sumado a golpes, patadas, palazos y quemaduras, lo que le causó severas lesiones que pusieron en riesgo su vida. Fue en represalia, asegura la causa, por sus comentarios sobre la venta de drogas ilícitas en su pabellón por parte de algunos internos, concretamente, cocaína y calmantes, pastillas. Y quien los distribuía era, supuestamente, “El Gordo Fernando”.

Según Cuñarro, el personal del Servicio Penitenciario no sólo estaba al tanto del negocio, sino que lo permitía. Y por eso, de acuerdo con la fiscal, colaboraron con la venganza mediante el ninguneo a su pedido de ayuda.

Los presos acusados podrían recibir otra condena de entre 8 y 25 años de prisión por el delito de torturas más las lesiones graves, para las que el Código Penal contempla una pena de entre uno y 6 años. En tanto que los penitenciarios, por la omisión de las torturas, podrían ser castigados con una pena de entre 3 y 10 años de cárcel.

En su declaración a los investigadores, Benítez contó que el 15 de octubre había tenido una pelea con Pacheco, “el Jefe del Pabellón”, porque quería su “mono” (muda de ropa). Al día siguiente, alrededor de las 23.30, después de hablar por teléfono con su mujer, a quien le cortó porque le dijo que presentía que le iban a pegar, se le acercaron tres internos, con quienes mantuvo una pelea mano a mano, de a uno por vez.

De allí, Benítez se llevó un puntazo en la panza. La bronca se había desatado porque unos días antes él le contó a un amigo del Pabellón 30 que algunos compañeros vendían drogas en su “rancho”.

Después de la pelea, ya herido de un facazo, los tres atacantes lo llevaron a la cocina, donde intentaron quemarle la cara con una hornalla encendida. Ahí Benítez se lesionó una de sus manos en el intento de protegerse. De la cocina lo arrastraron a las camas, lo tiraron al piso boca abajo, varios internos lo sostenían y lo empalaron.

Con trompadas y patadas, lo trasladaron al baño, donde Benítez contó que lo “caranchearon”: “El Uruguayo” tiró un balde de ropa al inodoro para que se tape, luego lo llenó de agua y mientras otros internos lo sostenían, “El Gordo Fernando” le metía la cabeza en el inodoro ahogándolo una y otra vez.

De allí lo llevaron a los golpes al centro del pabellón y lo dejaron tirado. La víctima relató que, como pudo, fue al baño. Sentía un dolor terrible y ardor en el estómago. Además sufría un importante sangrado. En ese momento, “El Gordo Fernando” le ordenó a otro interno que le trajera un pedazo de colchón para que no se notara la hemorragia.

Así tomó su “mono”, fue hasta la reja y gritó por más de 20 minutos. Pedía atención médica, pero los agentes penitenciarios le decían que tenía que esperar al recuento para sacarlo del pabellón. Gritaba tanto de dolor que entonces los internos se acercaban a la reja para pegarle y tirarle orina con el objetivo de que se callara, de acuerdo a su relato. En ese momento, el personal penitenciario tampoco hizo nada.

Finalmente, “El Gordo Fernando” le dio media docena de pastillas de alprazolam para que se calme. Esa droga se utiliza para calmar ansiedad y estrés y provoca sueño. Entonces Benítez se quedó dormido. Desde la madrugada hasta las 8 de la mañana Benítez estuvo tirado en el piso, dormido pero desangrándose. Despertó en el hospital de la cárcel y volvió a desvanecerse. El siguiente recuerdo que tiene es a punto de entrar al quirófano del Hospital Vélez Sarsfield, donde le pusieron un ano contranatura.

Si bien Pacheco y Rolón (“El sicario de Don Orione”) se negaron a declarar, Nogués, el uruguayo, presentó un escrito donde confirmó cómo fueron los hechos, de acuerdo a la misma versión que dio Benítez. En el texto, ratificó que el proveedor de las sustancias era “El Gordo Fernando”, que las pastillas y calmantes en general entraban los días de visitas y la cocaína la conseguía Fernando en los pisos “de arriba”.

Días anteriores al ataque a Benítez había ingresado al pabellón “El sicario de Don Orione” y era el nuevo protegido de Fernando ya que desde el primer día hizo todas las tareas que él le encomendaba: barrer y cocinar. A cambio, Fernando le daba sus drogas.

Para Cuñarro, los agentes penitenciarios fueron cómplices por no interceder en la pelea ni auxiliar a la víctima después del ataque. “Eran competentes para evitar las torturas a las que estaba siendo sometido Benítez y, sin embargo no adoptaron ninguna actitud para evitarlo”, escribió la fiscal en su pedido de elevación a juicio.

“Entiendo que se encuentra probado que los agentes penitenciarios tuvieron conocimiento de los hechos aberrantes a los que estaba siendo sometido Benítez y, pese a ello, decidieron no evitarlos y, una vez ocurridos, omitir prestarle auxilio, dejándolo en la celda por casi ocho horas hasta el cambio de turno”, agregó Cuñarro.

Los agentes imputados negaron con diversas excusas que los hechos hayan sucedido durante su presencia y apelaron la imputación. La fiscal no les creyó: “No se advierte ningún impedimento en Vargas, Lezcano y Rolón para actuar conforme las obligaciones inherentes a su función y adoptar las medidas que eran necesarias para detener la agresión o, al menos una vez ocurrido, auxiliar a Benítez”, afirmó.

A pesar de la acusación, los tres agentes penitenciarios no fueron exonerados de la fuerza, pero sí apartados de sus funciones por orden del juez Ferro, recién el 20 de diciembre pasado, tres años y dos meses después de los hechos contra Benítez.

Una fuente de las altas capas del Servicio Penitenciario Federal aclaró a Infobae que los agentes imputados no tienen contacto con internos y que su exoneración está pendiente de lo que decida la Justicia: “Los casos de tortura o vejaciones que acreditamos los hemos denunciado nosotros y administrativamente cabe exoneración”.

Días atrás, Cuñarro le envió una carta a la Ministra de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Marcela Losardo. “Se pone en su conocimiento a la Señora Ministra”, escribió en la primera línea. ¿La finalidad? “Que se investigue el posible ingreso y comercialización de sustancias dentro de la Unidad”.

Fuente: Infobae

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“Una señora me llevó a los tirones” les contó la nena a su familia

Se conocieron más detalles del caso que conmueve a la provincia.

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Mía Aide Aisha Mariaca Ruiz llegó a su casa agitada, con sueño, molesta por el propio trajín de varias horas donde estuvo fuera de su hogar, lejos de su familia. Tras los exámenes médicos de rigor, la pequeña pudo abrazar a su madre Celeste (20) y a su abuela.

Con sus palabras, mientras desayunaba y sin buscar alterarla, la menor le explicó a su familia cómo fue que alrededor de las 18 de ayer fue perdida de vista en las cercanías de su casa.

La pequeña dijo que fue agarrada del brazo cuando jugaba en la puerta de su casa. “Ella nos contó: ‘una señora me llevó a los tirones; me llevó en el colectivo y luego en un remis'”, relató Verónica Báez (39), la abuela materna de la nena.

Y agregó, “Aisha también contó que ‘me llevó a comprar unas galletas, me pegó un chirlo porque yo le decía que quería ir con mi mamá'”. La mujer habla con la mirada de una abuela de su nieta, marcando lo dulce que es, lo respetuosa en el trato y que siempre pide permiso para salir.

La menor vive con sus tres tíos menores de edad, su abuela Verónica y su mamá Celeste en una casa de la Villa Unión en Chimbas. El padre vive en la Villa El Salvador, está separado de su mujer. Se percibe una familia humilde pero donde el amor y la contención están a la orden del día.

En tanto que una de sus tías, Cristina, relató que le nena estaba esta mañana aún con miedo, “dice que le pegaron, tiene algún machucón en los brazos tal vez del agarrón”.

Báez, por otro lado, apuntó que “nunca la vi a esa mujer (a la captora), no sé los vecinos, hace dos o tres años que estoy acá”.

Perfiles de los captores

Según informaron fuentes policiales, Teresa Varela (44) y Rodolfo Tejada (31) se encontraban durmiendo con la nena al momento de la aprehensión.

Los pesquisas determinaron que la mujer presenta algún tipo de alteración mental y que hasta hace un tiempo ejercía la prostitución. De todas formas, no se sabe a qué se dedica actualmente.

Por su parte, Tejada tiene antecedentes penales, todos por robo.

Fuente: Diario de Cuyo

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Pelea de bandas en Caucete

El hecho ocurrió en la madrugada del pasado domingo en Villa Dolores, Caucete.

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Imagen ilustrativa - Crédito: HDP Noticias

Este domingo en la madrugada se registró un peligroso cruce entre bandas en Caucete y dejó el saldo de un joven de 27 años muy mal herido. Obtuvo varios puntazos en diferentes partes de su cuerpo, heridas que al parecer fueron causadas por un cuchillo tipo carnicero.

Según expresó fuente policial, un móvil de la Policía Comunal hacía recorridas por el interior de Villa Dolores y en la esquina de Avenida Ignacio de la Roza y Sargento Cabral, vio a varias personas peleando. Los efectivos fueron hacia el lugar, muchos testigos escaparon de la escena y dejaron al chico tendido en el asfalto.

Los uniformados se quedaron en el lugar y ayudaron al joven hasta que emergencias se hiciera presente. La ambulancia llegó a la escena del hecho y lo trasladó al Hospital Cesar Aguilar; en este nosocomio dijeron que tuvo heridas cortopunzantes en el pecho, el pómulo izquierdo y en su brazo izquierdo.

El damnificado, identificado como Hugo Calivar, quedó internado en observación. Personal de Comisaría 9na se aboca a la investigación del hecho.

Fuente: Tiempo de San Juan

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