El caso de un niño de 12 años que habría provocado destrozos en su vivienda luego de que le quitaran el celular volvió a poner en debate el impacto del uso temprano y excesivo de pantallas en el desarrollo infantil.
Aunque el episodio generó sorpresa por la magnitud de la reacción, profesionales de la salud mental señalan que este tipo de conductas no surgen de manera repentina, sino que pueden estar vinculadas a hábitos incorporados desde los primeros años de vida.
Según explican especialistas, durante la infancia el cerebro se encuentra en pleno proceso de maduración y no está preparado para recibir niveles constantes de estimulación digital. Cada notificación, video corto o cambio veloz de imagen activa la liberación de dopamina, neurotransmisor asociado al placer y la recompensa. Cuando esa estimulación es frecuente y sostenida, el cerebro puede acostumbrarse y desarrollar una necesidad creciente de ese tipo de gratificación inmediata.
Diversos estudios advierten que la exposición temprana y prolongada a dispositivos electrónicos puede estar relacionada con:
- Menor tolerancia a la frustración.
- Dificultades para sostener la atención.
- Problemas en el desarrollo del autocontrol.
- Complicaciones en la regulación emocional.
- Conductas de dependencia.
En este contexto, cuando se retira el dispositivo, el niño o adolescente no solo pierde un objeto de entretenimiento, sino también su principal fuente de recompensa inmediata, lo que puede generar reacciones desmedidas.
Especialistas remarcan que el debate no pasa por demonizar la tecnología, sino por promover un uso equilibrado y acorde a cada etapa del desarrollo. El cerebro infantil necesita experiencias variadas: juego libre, interacción social cara a cara, actividad física, creatividad e incluso momentos de aburrimiento, fundamentales para fortalecer la paciencia y la gestión de emociones.
El episodio reavivó la discusión sobre la responsabilidad de adultos y cuidadores en el acompañamiento del uso de dispositivos electrónicos y la importancia de establecer límites desde edades tempranas para favorecer un desarrollo emocional saludable.









